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Cuando quedan las palabras
Volvemos a la normalidad tras el día del orgullo friki, que me sirvió para dar a conocer mi lado más culturalmente disperso y participar en el Nexo #TLQM (Todo lo que mola) organizado por el Capitán Urias como cada año. Dar las gracias a los 14 (en verdad 7) comentarios que me dejasteis ayer, porque esto parecía el media markt la noche antes de salir una nueva expansión del wow, pocas veces he tenido ese trafico por el blog y menos frikil. La viñeta de la derecha me representa ayer al ver las estadísticas y comentarios. Todo ello celebrado con una sesión nocturna de openings y endings para cerrar el día, que terminó con este.
Hoy recupero la cultura no tan dispersa y os dejo un texto de Marlene escrito a partir de una de mis fotos, por cierto que no había subido todavía a ningún sitio. La foto es del rodaje de Siempre Mañana. Fue una foto de esas que se organizan solas, el escenario se prepara, la modelo adquiere una posición que se adapta, coges la cámara y disparas. En cuanto al texto, Marlene tiene su propio blog donde redacta miniescritos con aquello que le viene he inspira el día a día. Hay a quien le pueda gustar más o menos, pero merece la pena ir pasándose y leyendo esos textos que no son largos ni pesados y que algún día te pueden sorprender con algún punto que te identifique. Hoy toca:
Cuando queda el marrón
Los últimos rayos de sol iban desvaneciendo entre las ramas de los árboles, y lo que a sus ojos llegaba no eran mas que sombras de la luz que se entremezclaba con las hojas. Vestía un precioso vestido blanco que le cubría hasta los pies y resaltaba el tono de su piel. De sus ojos recuerdo que el color variaba según su estado de ánimo; cuando sonreía y contemplaba la vida desde la azotea de la felicidad, eran de un verde tan intenso que a veces miraba tras ellos y me imaginaba tumbado en un prado inspirando la suave brisa de la montaña, cuando estaba enfadada o preocupada por algo, sus ojos eran azules y las pupila apenas se podían diferenciar, pero el azul que adoptaba era aquel de un mar revuelto que azota las orillas con las olas, cuando no encontraba fuerzas para seguir o su alma estaba entristecida, eran marrones, un marrón apagado y mate sin ganas de brillar. En aquel momento,a pesar de estar inerte sobre una cama, sus ojos eran verdes. En su interior, ella seguía luchando por conservar los pocos rayos de luz que hasta su lado del sendero llegaban. El verde en su mirada seguía vivo, pero no tanto su corazón. La vida y la muerte, separados por un si y un no, un paso adelante o uno hacia atrás, una decisión que era necesaria tomar antes de que el sol, ese astro al que todos hemos querido llegar, desapareciera por completo y las sombras de las hojas que habían a sus pies lo hicieran también. La observé unos instantes esperando encontrar la decisión que había tomado en sus ojos, pero seguían del mismo color. Dentro, ella avanzaba hacia delante siguiendo las sombras sin darse cuenta de que aquello la acercaba al lugar de las sombras eternas y donde lo único que puedes encontrar es oscuridad. Entonces se paró, e intentó olvidar la seducción de las sombras. De repente, vi que sus ojos eran azules, y sin querer me transporté muy lejos de aquella habitación de aquellas cuatro paredes; las últimas que ella vería. Intenté despertarla a gritos, besarla para que recordase el aroma de nuestros besos, le susurré al oído que si ella se iba yo también… Lo intenté todo, pero no conseguí despertarla. Mientras, ella intentaba retroceder pero no había luz suficiente para alumbrar el camino y tropezó. Las sombras dejaron de persuadirla porque sencillamente dejaron de existir. La oscuridad había inundado el lugar.
Sin embargo, en la habitación, la única huella que dejó fue la de sus ojos marrones…

Texto: Marlente Torres
Foto: Juan Giménez
Cuando no sobran las palabras
Vuelvo a contradecir el titulo de mi blog, ya que en esta entrada no van a sobrar palabras precisamente. Entre una de las cosas que más me gustan esta el hecho de leer y entre una de las que menos el escribir. Leo libros, principalmente de aventura y ciencia-ficción, entre mis favoritos la trilogía “La ciudad de la bestias” de Isabel Allende y “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” de Haruki Murakami. Leo muchos artículos científicos con las últimas novedades, sobre todo sigo la evolución del Cern y me encantan los artículos de cosas curiosas como el de la “Turritopsis nutricula” por ejemplo. No leo tutoriales, me parecen aburridos a más no poder… y hasta hace poco tampoco leía blogs, pero esto ha cambiado. De repente a través de un par de blogs de conocidos, me he encontrado con una legión de blogs dedicados al mini-relatos entre los que se puede encontrar alguna joya entre tanto pasteleo. En este caso os quería recomendar 3 blogs dedicados al texto: el blog de Ana, compañera de dibujo técnico, el blog de Luna Meyer, compañero de trastadas callejeras, y en especial pero no por ello más importante ;D el de Marlene, compañera actual de clase, algo rarita la chica, pero buena amiga, eso si, sus comentarios los dejáis en mi blog que ella ya tiene muchos… jaja, venga no darle ese gustazo.
Para ellos y el resto de escritores que se pasen por aquí, como ya le dije a Marlene, hay un trozo de canción que creo os describe muy bien.
“Y yo no sé, si he nacido para arder o he nacido para dar sombra
yo solo sé que lo que escribo no se compra,
y que en este mundo tibio que aun confunde amor con odio
yo solo encuentro alivio en el exilio de mi folio.”
Sharif – El exilio de mi folio

Dentro de mi gusto por la lectura pocas veces incluyo la poesía, ya que me he acostumbrado a escucharla sobre una base, y leerla me deja frió, pero de repente en el lugar menos esperado del mundo, al principio de un monologo, apareció un hombre al que jamas le asociarías algo de tal titánica genialidad. Este hombre es Hovik, ex-boxeador, cómico, escritor y actor, que un día llego a mi monitor para dejarme anonadado primero con su perfecto gusto por la poesía y más tarde con su facilidad para hacerme reír con su estilo basto nada parecido al de su lírica. Os dejo esta genialidad y si pincháis sobre su nombre al final del texto os enlazo con el monólogo “Cocretas”, que es el recipiente de esta obra.
“Los niños negritos no comen, no, no comen,
sus madres tienen los ojos sepultados en tumbas vivas
en cauces de ríos de lágrimas secas con barrigas preñadas de muerte.
La esperanza de vida está por debajo de un año,
me cago en mi puta vida entonces.
Se trafica, sí.
Se trafica con armas, con drogas, con hombres, con mujeres, con niños, con vidas,
con ideologías, con Internet, con política, con poder, con sueños,
con meterte el miedo en el cuerpo.
Cada mañana, cada mañana me miro en el espejo y lo que veo no me gusta, y entonces,
en vez de comerme mi propia mierda fresca:
Te jodo a ti, te jodo a ti, te jodo a ti… y te jodo a ti. ¿Porqué?
Porqué la culpa, amigos, la culpa siempre es de los demás. ¡Sí!
Y la enfermedad se llama:
Vivamos la vida de los demás por que no tengo cojones, ni sangre para vivir la mía.
Tengo goteras en mi casa, goteras en mi curro, goteras en mi corazón.
De las goteras de mi cabeza os hablo otro día porque ahora quiero dormir,
cuando duermo no pienso… no pensar.
Yo solo quiero volver, amigos, yo solo quiero volver a las entrañas de mi madre.
A nadar sumergido flotando en una paz infinita,
en una duermevela blanca de un cuerpo y dos corazones abrazados por un cordón.
Caliente, protegido, acurrucadito, indefenso pero invulnerable.
Yo solo quiero volver al día en el que mi madre me cantó mi primera nana.
Solo quiero eso…”
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